El
cerebro humano contiene regiones específicas destinadas al recuerdo, al
aprendizaje. En este sentido, Goleman D.(1995) explica sobre el método
simple pero muy ingenioso para registrar con especial intensidad los recuerdos
emocionales, ya que los mismos sistemas de alerta neuroquímicos que preparan al
cuerpo para reaccionar ante cualquier amenaza —luchando o escapando— también se
encargan de grabar vívidamente este momento en la memoria. En el caso de una
intensa alegría, un nervio que conecta el cerebro con las glándulas
suprarrenales, estimulando la secreción de las hormonas adrenalina y
noradrenalina, disponiendo así al cuerpo para responder ante una urgencia.
Estas hormonas activan determinados
receptores del nervio vago, encargado, entre otras muchas cosas, de transmitir
los mensajes procedentes del cerebro que regulan la actividad cardiaca y, a su
vez, devuelve señales al cerebro, activado también por estas mismas hormonas. Y
el principal receptor de este tipo de señales son las neuronas de la amígdala
que, una vez activadas, se ocupan de que otras regiones cerebrales fortalezcan
el recuerdo de lo que está ocurriendo.
Esta
activación de la amígdala parece provocar una intensificación emocional que
también profundiza la grabación de esas situaciones. Este es el motivo por el
cual, por ejemplo, recordamos a dónde fuimos en nuestra primera cita o qué
estábamos haciendo cuando oímos la noticia de la explosión de la lanzadera
espacial Challenger. Cuanto más intensa es la activación de la amígdala, más
profunda es la impronta y más indeleble la huella que dejan en nosotros las
experiencias que nos han asustado o nos han emocionado.
Esto
significa, en efecto, que el cerebro dispone de dos sistemas de registro, uno
para los hechos ordinarios y otro para los recuerdos con una intensa carga
emocional, algo que tiene un gran interés desde el punto de vista evolutivo
porque garantiza que los animales tengan recuerdos particularmente vívidos de
lo que les amenaza y de lo que les agrada.
Es por
ello que cuanto más intensa sea realizada alguna actividad, mientras que más de
nuestros sentidos sean puestos de manifiesto, se mantendrá perdurable en
nuestro cerebro, mejorando el aprendizaje de los estudiantes.
Ante una
situación imprevista de nuestras vidas, en la que requiere encontrar la
solución a algún problema tendremos la respuesta inmediata por parte de nuestro
cerebro siempre y cuando lo que aprendimos en la universidad en el área de
matemática haya sido desarrollado por
el docente haciendo uso de la inteligencia emocional.
Las
emociones negativas intensas absorben toda la atención del individuo,
obstaculizando cualquier intento de atender a otra cosa.
Cuando las
emociones dificultan la concentración, se dificulta el funcionamiento de la
capacidad cognitiva que los científicos denominan «memoria de trabajo», la capacidad de mantener en la mente toda la
información relevante para la tarea que se esté llevando a cabo. El contenido
concreto de la memoria de trabajo puede ser algo tan simple como los dígitos de
un número de teléfono o tan intrincado como la trama de una novela. La memoria
de trabajo es la función ejecutiva por excelencia de la vida mental, la que
hace posible cualquier otra actividad intelectual, desde pronunciar una frase
hasta formular una compleja proposición lógica. Y la región cerebral encargada
de procesar la memoria de trabajo es el córtex prefrontal, la misma región,
recordemos, en donde se entrecruzan los sentimientos y las emociones.
¿Quién no
recuerda las clases de matemática, al menos en parte, como un interminable
desfile de horas de aburrimiento puntuadas por momentos de gran ansiedad?
En un
sentido amplio, canalizar las emociones hacia un fin más productivo constituye
una verdadera aptitud maestra. Ya se trate de controlar los impulsos, de
demorar la gratificación, de regular nuestros estados de ánimo para facilitar
—y no dificultar— el pensamiento, de motivarnos a nosotros mismos a perseverar
y hacer frente a los contratiempos o de encontrar formas de entrar en «flujo» y
así actuar más eficazmente, todo ello parece demostrar el gran poder que poseen
las emociones para guiar más eficazmente nuestros esfuerzos.
INTELIGENCIA EMOCIONAL
Ciertos
estudios están descubriendo ahora que las capacidades sociales y emocionales
pueden ser aún más fundamentales para el éxito en la vida que la capacidad
intelectual.
El
término “inteligencia emocional” fue utilizado por primera vez en 1990 por los
psicólogos Peter Salovey de la Universidad de Harvard y John Mayer de la
Universidad de New Hampshire. Se lo
empleó para describir las cualidades emocionales que parece tener importancia
en el éxito. Estas pueden incluir:
La
empatía.
La
expresión y comprensión de los sentimientos.
El
control de nuestro genio.
La
independencia.
La
capacidad de adaptación.
La
simpatía
La
capacidad de resolver problemas en forma interpersonal.
La
persistencia.
La
cordialidad.
La
amabilidad.
El
respeto.
Ayudar
a los estudiantes a sentirse bien con ellos mismos sólo tiene sentido si estos
sentimientos están relacionados con logros específicos y el dominio de nuevos conocimientos.
(Shapiro L. 1997)
Se estimula la inteligencia emocional:
·
Definición
de misiones para diferentes cursos, que resalten la tolerancia, la toma de
posición crítica, responsable y constructiva del ser humano.
·
Estudio
de ética aplicados a las disciplinas académicas.
·
Enfoque
de la importancia de la pluralidad y su aceptación como modelo de paz social.
(Antunes. C., 2005)
Configurar un marco teórico de la dimensión
emocional en educación matemática planteado por Salovey y Mayer (Citado por
Gómez I. 2000), el cual sugiere las aportaciones siguientes:
Ø Configurar y definir el constructo “dominio
afectivo” desde tres descriptores específicos: creencias, actitudes y
emociones.
Ø Dar mayor relevancia a las emociones apoyándose en
que la mayoría de los factores afectivos surgen de las respuestas emocionales a
la interrupción de los planes en la resolución de problemas.
Ø Intentar poner en diálogo las distintas
aproximaciones haciendo síntesis sobre el tema.
Ø Configurar un marco teórico par atrabajar la
dimensión afectiva: se sugiere la teoría sociocognitiva como un marco de
referencia para trabajar el afecto en la resolución de problemas matemáticos.
Especificando varias dimensiones del estado emocional del resolutor de
problemas: magnitud, dirección de la emoción, duración y nivel de conciencia y
de control del estudiante.

