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miércoles, 14 de enero de 2015

¿Qué es la inteligencia emocional?

El cerebro humano contiene regiones específicas destinadas al recuerdo, al aprendizaje. En este sentido, Goleman D.(1995) explica sobre el método simple pero muy ingenioso para registrar con especial intensidad los recuerdos emocionales, ya que los mismos sistemas de alerta neuroquímicos que preparan al cuerpo para reaccionar ante cualquier amenaza —luchando o escapando— también se encargan de grabar vívidamente este momento en la memoria. En el caso de una intensa alegría, un nervio que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales, estimulando la secreción de las hormonas adrenalina y noradrenalina, disponiendo así al cuerpo para responder ante una urgencia.

Estas hormonas activan determinados receptores del nervio vago, encargado, entre otras muchas cosas, de transmitir los mensajes procedentes del cerebro que regulan la actividad cardiaca y, a su vez, devuelve señales al cerebro, activado también por estas mismas hormonas. Y el principal receptor de este tipo de señales son las neuronas de la amígdala que, una vez activadas, se ocupan de que otras regiones cerebrales fortalezcan el recuerdo de lo que está ocurriendo.

Esta activación de la amígdala parece provocar una intensificación emocional que también profundiza la grabación de esas situaciones. Este es el motivo por el cual, por ejemplo, recordamos a dónde fuimos en nuestra primera cita o qué estábamos haciendo cuando oímos la noticia de la explosión de la lanzadera espacial Challenger. Cuanto más intensa es la activación de la amígdala, más profunda es la impronta y más indeleble la huella que dejan en nosotros las experiencias que nos han asustado o nos han emocionado.

Esto significa, en efecto, que el cerebro dispone de dos sistemas de registro, uno para los hechos ordinarios y otro para los recuerdos con una intensa carga emocional, algo que tiene un gran interés desde el punto de vista evolutivo porque garantiza que los animales tengan recuerdos particularmente vívidos de lo que les amenaza y de lo que les agrada.

Es por ello que cuanto más intensa sea realizada alguna actividad, mientras que más de nuestros sentidos sean puestos de manifiesto, se mantendrá perdurable en nuestro cerebro, mejorando el aprendizaje de los estudiantes.

Ante una situación imprevista de nuestras vidas, en la que requiere encontrar la solución a algún problema tendremos la respuesta inmediata por parte de nuestro cerebro siempre y cuando lo que aprendimos en la universidad en el área de matemática   haya sido desarrollado por el docente haciendo uso de la inteligencia emocional.

Las emociones negativas intensas absorben toda la atención del individuo, obstaculizando cualquier intento de atender a otra cosa.

Cuando las emociones dificultan la concentración, se dificulta el funcionamiento de la capacidad cognitiva que los científicos denominan «memoria de trabajo», la capacidad de mantener en la mente toda la información relevante para la tarea que se esté llevando a cabo. El contenido concreto de la memoria de trabajo puede ser algo tan simple como los dígitos de un número de teléfono o tan intrincado como la trama de una novela. La memoria de trabajo es la función ejecutiva por excelencia de la vida mental, la que hace posible cualquier otra actividad intelectual, desde pronunciar una frase hasta formular una compleja proposición lógica. Y la región cerebral encargada de procesar la memoria de trabajo es el córtex prefrontal, la misma región, recordemos, en donde se entrecruzan los sentimientos y las emociones.

¿Quién no recuerda las clases de matemática, al menos en parte, como un interminable desfile de horas de aburrimiento puntuadas por momentos de gran ansiedad?

En un sentido amplio, canalizar las emociones hacia un fin más productivo constituye una verdadera aptitud maestra. Ya se trate de controlar los impulsos, de demorar la gratificación, de regular nuestros estados de ánimo para facilitar —y no dificultar— el pensamiento, de motivarnos a nosotros mismos a perseverar y hacer frente a los contratiempos o de encontrar formas de entrar en «flujo» y así actuar más eficazmente, todo ello parece demostrar el gran poder que poseen las emociones para guiar más eficazmente nuestros esfuerzos.

INTELIGENCIA EMOCIONAL


Ciertos estudios están descubriendo ahora que las capacidades sociales y emocionales pueden ser aún más fundamentales para el éxito en la vida que la capacidad intelectual.

El término “inteligencia emocional” fue utilizado por primera vez en 1990 por los psicólogos Peter Salovey de la Universidad de Harvard y John Mayer de la Universidad de New Hampshire.  Se lo empleó para describir las cualidades emocionales que parece tener importancia en el éxito.  Estas pueden incluir:
La empatía.
La expresión y comprensión de los sentimientos.
El control de nuestro genio.
La independencia.
La capacidad de adaptación.
La simpatía
La capacidad de resolver problemas en forma interpersonal.
La persistencia.
La cordialidad.
La amabilidad.
El respeto.

Ayudar a los estudiantes a sentirse bien con ellos mismos sólo tiene sentido si estos sentimientos están relacionados con logros específicos y el dominio de nuevos conocimientos. (Shapiro L. 1997)




Se estimula la inteligencia emocional:
·         Definición de misiones para diferentes cursos, que resalten la tolerancia, la toma de posición crítica, responsable y constructiva del ser humano.

·         Estudio de ética aplicados a las disciplinas académicas.

·         Enfoque de la importancia de la pluralidad y su aceptación como modelo de paz social. (Antunes. C., 2005)


Configurar un marco teórico de la dimensión emocional en educación matemática planteado por Salovey y Mayer (Citado por Gómez I. 2000), el cual sugiere las aportaciones siguientes:

Ø  Configurar y definir el constructo “dominio afectivo” desde tres descriptores específicos: creencias, actitudes y emociones.
Ø  Dar mayor relevancia a las emociones apoyándose en que la mayoría de los factores afectivos surgen de las respuestas emocionales a la interrupción de los planes en la resolución de problemas.
Ø  Intentar poner en diálogo las distintas aproximaciones haciendo síntesis sobre el tema.

Ø  Configurar un marco teórico par atrabajar la dimensión afectiva: se sugiere la teoría sociocognitiva como un marco de referencia para trabajar el afecto en la resolución de problemas matemáticos. Especificando varias dimensiones del estado emocional del resolutor de problemas: magnitud, dirección de la emoción, duración y nivel de conciencia y de control del estudiante.

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